Por Franklin Díaz PolancoHabiéndose cumplido el pasado mes de agosto, dos años de publicar por este medio par de artículos de la figura histórica de Rafael L. Trujillo Molina y su gobierno (parece que fue ayer), enfocados ambos en sus aspecto valorativo y desde la perspectiva de si fue positivo o negativo para el país. Resultado logrado a través de encuesta tomada de una muestra de la población, que aunque no compartimos los numeritos arrojados, sentí la satisfacción de haber despertado la inquietud de que ustedes se expresaran, respetando el derecho que como ciudadanos les asiste,
Al día de hoy, sigo siendo reiterativo y consecuente con mi sentimiento. Pienso que fue negativo, pese a todas sus realizaciones. En esto seré coherente. Pero no obstante esa postura, no pertenezco al nutrido grupo que se inclina de manera fanatizada a favor o en contra de determinado personaje, situación o causa; trato de cobijarme bajo el generoso techo de la razón.
Con este artículo, es mi intención interactuar un poco con ustedes, haciendo el esfuerzo de sumergirme en ese pasado, donde hay tantas telas que cortar, como se dice en nuestro medio, que pondría a tantos sastres a ocuparse de su delicado e importante quehacer que lo considero un arte. Además, motivado también por la vorágine de argumentaciones que se han vertido sobre esta figura histórica en sus diferentes vertientes, que resulta difícil ocultar u omitir las cualidades que lo identificaron como ser humano, como gobernante y como ciudadano.
Para no hacerlo muy extenso, me limitaré a tocar de manera codificada, partiendo desde la A evitando llegar a la Z, aspecto inherentes a este personaje, cuyo histrionismo resulta inaceptable sea negado reconocerse.
Conocí a Rafael Leonidas Trujillo Molina, mientras se desplazaba a caballo por la cercanía de lo que fue la factoría de la hacienda fundación, ubicada en la ciudad de San Cristóbal, acompañado de dos jinetes. Tendría yo unos trece años de edad, hablo de los años 1958-59. Lo recuerdo perfectamente por la impresión que me causó su figura ecuestre, con unos atuendos que nunca había visto. Portaba en su cintura dos enormes revólveres enfundados en preciosas cananas; la silla de la montura poseía unos estampados dorados de notable belleza, completaba todo eso el brioso corcel, cuya presencia vendía la impresión de que estaba frente- a un cuadro fabricado de la fantasía. De verdad que no exagero. Pasó frete a nosotros, quienes nos mantuvimos estático. Nos saludo al pasar levantando una de sus manos.
Todo lo descrito más adelante, es producto del archivo de mi memoria, adquirido por medios escritos y verbales.
a) Cuidado Personal
En cuanto a su imagen, en los abultados relatos verbales y escritos, Trujillo mostró desde pequeño una gran preocupación por su sobria presencia, tanto en la forma pulcra de vestir, como en el aseo personal.
Tanto es así, que recuerdo haber leído un documental en un periódico de hace muchos años, que el autor del mismo decía, entre otras cosas, “Nadie podía explicar, como este señor en medio de lugares poco accesibles y de tantas turbulencias guerrilleras, podía mantenerse impecablemente limpias sus indumentarias.
Decía este autor que su cuidado personal era tal, que normalmente una persona se afeita una vez al día, él lo hacia dos veces.
b) Habilidad e Inteligencia.
Pese a su bajo nivel de escolaridad poseía habilidades e inteligencia excepcionales que lo colocaban por encima de la media normal humana.
Estas cualidades las mostró desde el inicio de su carrera militar hasta la ascensión al poder; desde allí manifestó con elocuencia sus múltiples recursos que son tan necesarios para el manejo del estado, bajo un gobierno de ese tipo.
c) Valentía. Arrojo que rayaba lo temerario.
Son múltiples las manifestaciones de sobrado valor mostrado por este desde los tiempos de la guerrilla montonera, escritas por diferentes autores; esto es durante la ocupación norteamericana.
Tal demostración fue el caso del apresamiento de un temido guerrillero que por sus hazañas delictivas había adquirido fama en toda la región.
Trujillo, enterado de la existencia de ese antisocial, se trasladó solo al apartado refugio donde se encontraba el peligroso reo, anunciándole su presencia allí, y el objetivo de tomarlo preso garantizándole la preservación de su vida. El infractor mansamente salió de su madriguera y se entregó siendo llevado preso a lomo de caballo hacia el pueblo, con la mirada atónita de los presentes allí.
Otra demostración de indiscutible valor fue en la ocasión en que siendo ya presidente, acudió a una cita con el general Desiderio Arias, quien siendo congresista del régimen, le adversó ubicándose en los campos de Mao, Valverde, con un grupo de Guerrilleros. Este, prometiéndole ir solo y desalmado a un conversatorio, con la idea expresa de limar diferencia y convencerle a que depusiera las armas; acudió a ese encuentro, siendo a punto de ser muerto por uno de los guardaespaldas del General alzado, quien propuso aprovechar su presencia para eliminarlo, logrando frenarlo el jefe guerrillero aludiendo que estaba en juego su palabra. Estos hechos históricos despejan duda de que fue un hombre de probada valentía.
d) Laboriosidad.
Wiser Delgado, en su interesante libro acerca del régimen de Trujillo, es claro y convincente en alusión a esta cualidad, relacionada con lo que fue su entrega al trabajo, narra este gran colaborador, que en la madrugada ya estaba en pie, desplegándose a sus diferentes instituciones en especial a la hacienda fundación y al concejo estatal del azúcar (CEA), sus lugares más frecuentados.
Es lógico entender que para ejercer el dominio de tantas propiedades era obligatorio dormir poco. Quien desee conocer a profundidad todas sus propiedades, lo remito al libro del Profesor Bosh que explica con todo detalle “la fortuna del jefe”, creo que así se tituló esa obra.
e) Habilidad para ejercer.
Debido a su escaso nivel de estudio, lo señalé anteriormente, se rodeó de los mejores hombres del país, los más capacitados. Los manejo a su antojo, logrando ejercer con absoluto control la nación Dominicana. Desde luego, esto, en adicción a su sexto sentido en el manejo del escenario, y su formidable memoria considerada fuera de lo común.
f) Manejo de su personal en las distintas dependencias.
Trujillo en su trajinar diario mantenía contacto de cerca con su personal trabajador, hasta con los de tercera categoría.
Cuenta uno de sus servidores, que en ocasión de una de sus acostumbradas visitas a la Hacienda Fundación, su lugar favorito, en un aparte con el trabajador que contó la historia, le preguntó, ¿Y cómo te esta yendo en tu relación con Carmen? , según relató el trabajador, se le aflojaron las rodillas, pero al mismo tiempo dando repuesta a este, admitiendo con esto la existencia de esa relación. Conocía el mínimo detalle de las actividades de todas sus gentes.
g) Rencoroso, pero también perdonaba.
Cuenta Wiser Delgado en su libro, que entrando el Jefe en la oficina del CEA a su visita acostumbrada. Al llegar hasta la puerta del director, Trujillo notó en uno de los asientos de espera, la presencia de un señor a quien simuló no haber visto. Tan pronto penetró al despacho del Señor Wiser le preguntó, ¿Y qué busca “Juan de la Mula” aquí?, ese tipo y yo tenemos un asunto pendiente hace muchos años, le narró el hecho, y luego de conversar con el director se retiró.
Tan pronto Trujillo había bajado por su ascensor privado, Wiser llamó a Juan de la Mula, a quien escuchó su petición; era un favor que en beneficio particular deseaba. El director fue al grano de inmediato respondiéndole que lamentaba no poder complacerle. El jefe acaba de contarme que usted, siendo él comandante de la zona este, quiso comprarle en el paraje “la mula” una tierra y se negó venderla. Me narró, que trató de convencerte y no pudo, finalmente se despidió diciéndote que estaba bien, ya nos veremos cara a cara cuando yo sea presidente, a lo que tú le contestaste; cuando tu seas presidente, yo seré el papa en Roma; resulta que ahora yo soy el presidente y tú no eres ni monaguillo en “la mula”. A Juan no le quedó más remedio que decir. Diablo que hombre tan rencoroso, de esto hace veinticuatro años.
Sin embargo, también supo perdonar a muchas personas que adversaron su régimen, respetando su integridad física y el disfrute de una paz que siempre es importante en su entorno hasta el final de la existencia. Se han escrito muchos casos en ese orden.
h) Administración y manejo de sus recursos.
En lo que fue el manejo de sus propiedades Trujillo mantenía un control que puede considerarse de absoluto. Aunque la forma y el estilo en ocasiones resultaban contradictorias; pero en el fondo existirían razones que solo él podía justificar.
En una ocasión le armo tremenda bronca a un empleado en su Hacienda Fundación, por catorce centavos de limones agrios que faltaron en el reporte de venta de ese día.
Otro día habiendo llegado bien temprano al establo de ordeño, en la misma Hacienda encontró a un jovencito en cuclillas tomándose en una tapa de bidón un poco de leche, este, con sigilo se le acercó por la espalda, y le asestó una patada en el trasero que lo separo del suelo cerca de un metro; el joven luego del violento golpe, se incorporó y se desplazó a la velocidad del rayo, y a la distancia más o menos de una esquina, se detuvo y desde allí a todo pulmón le voceó, “ Hijo de la Gran Puta”, y se mandó a correr a todo dar. Yo en lo particular al leer esta historia me movió a risa, por el hecho de pensar, que este jovenzuelo pudo ser el único que le dijo al Jefe esa expresión y que él pudiera escucharla sin pasar de ahí.
Sin embargo, son numerosos los casos de desprendimiento que puso de manifiesto durante los distintos viajes en todo el país. Se dice que Trujillo le acompañaba siempre un maletín lleno de dinero, de lo cual disponía de importantes sumas, con fines obsequiosos.
Recuerdo que estando bien pequeño una tía de mi madre en una de las visitas que este hiciera a San Cristóbal, pasando por una de su calle ella le abrió los brazos en señal de ayuda, se detuvo y le regaló Cien pesos, y la promesa de hacerle su casa lo cual cumplió rigurosamente.
Igual caso ocurrió con su gran colaborador Wiser Delgado, quien a raíz de darle la noticia de haberle llegado al mundo su segundo hijo, le expresó su felicitaciones, se retiró usando como siempre su ascensor privado retornando en pocos minutos para entregarle la suma de Cincuenta Mil Pesos como regalo a tan importante acontecimiento para el feliz padre.
¿Qué parecido guardan los casos de los catorce centavos de los limones y el poquito de leche del joven a quien le propino la patada?, con los dos últimos casos citados. Quizás tengan que ver la forma, no realmente la cuantía. Pero de todo modo, así somos los humanos.
i) Reacciones ante opiniones de sus colaboradores.
Trujillo era sumamente exigente ante una pregunta que hiciera sin importar categoría del cuestionado.
En una ocasión se paseaba en la ciudad de Santiago luego de terminar un acto oficial. Al desplazarse lentamente por una ancha calle junto al gobernador, había una gran multitud congregaba que victoreaba en ambos lados de la calle, y mirando fijo hacia un lugar preguntó al Señor Gobernador: ¿Quien es ese?, a lo que el gobernador respondió: ese es fulano, no recuerdo su nombre, tenia una posición económica bien cómoda, pero ahora esta en mala, eso sí hombre bueno, es honrado y capacitado. Al día siguiente Trujillo nombró a Fulano en el puesto del Gobernador.
Este otro caso lo vivió el Señor de Jans Paul Wiser Delgado, al fin pude recordar el nombre completo del autor de “Querido por muchos, odiado por otros y temido por todos”, una gran obra esta. Este señor en una de las tantas historias narradas en ese libro, cuenta que una vez siendo asistente del administrador general del CEA, quien era un respetado y competente señor de apellido Álvarez; Trujillo llegó a esa oficina preguntado por él a lo que el señor Wiser respondió que no se encontraba, el Generalísimo, al observar desde lo alto de la oficina el alineamiento de tantos vagones, preguntó a Wiser el por qué esa interminable fila. Este dio las explicaciones de lugar, a lo que siguieron unas doce preguntas más relativas al proceso de los preparativos de la próxima zafra. Wiser contestó una tras otras preguntas con tal precisión, que impresionó al Jefe. Al retirarse de allí, le dijo, partir de mañana eres el Administrador General, tu eres el que más sabe de caña en este País. Esas eran las cosas del Jefe.
j) En lo Sentimental. Sus Amores.
Fue un gran enamorado. Mucha de esas mujeres las conquistó, otras se las entregaban sus acólitos, y en el peor de los casos se las llevaban su propia familia.
Se han escrito innumerables casos de esos romances en sus diferentes etapas y escenarios, de los cuales mucho terminaron en lo trágico, otros en el disfrute pleno de relaciones intensa, y otros en lo fantástico y lo ridículo.
Hace mucho años leí en un pequeño libro titulado, “Las Mujeres de Trujillo, su autor no lo recuerdo, en el se narra un caso donde se efectuaba una fiesta, que generalmente la propiciaba él, con el propósito de conquistar bellas Damas. Era su costumbre tomarse inicialmente par de tragos de Carlos I, su bebida favorita; ya motivado por la bebida, en medio de la fiesta, mandó a buscar a la dichosa y afortunada joven con unos de sus servidores. En pocos minutos retornó el solitario mensajero con la noticia de que en ese momento conversaba con alguien, y no podía ir. Trujillo le comunicó al mensajero que le diga que es el Jefe quien pide su presencia, retornando el eficiente caballero con la repuesta al generalísimo; excelencia, dice el joven que lo acompaña que ella está con su novio y no puede ir. Trujillo alterado le mandó a decir que es una orden; entonces el joven acompañante conciente de lo delicado del asunto, se levantó dirigiéndose al micrófono que usaba el cantante de la orquesta y se expresó a todos los presentes así: señores, yo estoy en esta fiesta acompañado de mi novia, y el Jefe quiere… y en seguida intervino una mano con energía e interrumpió la comunicación.
El siguiente relato, pienso que no está escrito en libro alguno, pero lo he escuchados más de una vez por diferentes personas.
También se desarrolló en una fiesta. En medio de tragos y músicas, estando ya el Jefe motivado por el ambiente de halagos y adulonerías, mandó a buscar su pretendida que estaba en una mesa apartada del lugar donde se encontraba él, recibiendo de retorno la noticia de que llegaría en unos minutos por que en eso momento conversaba con el Sr. Diputado Jiménez. Trujillo levanto la ceja en señal de sorpresa, y exclamó, ¡Diputado Jiménez! No tengo en el congreso ningún Diputado con ese apellido, vaya y tráigamelo aquí.
Se trataba de Jimenito, que era la forma cariñosa de llamarle a ese joven en esa época, que se la buscaba dándose títulos que nunca llegó a tener, con la intención de conquistar bellas damas de eso tiempos.
Dicen que dejó parte del pellejo al lanzarse por una ventana para evitar verse frente al jefe.
k) Nacionalismo.
Quieran o no admitirlo los de ideas radicales, en lo que fue la defensa de su país en términos de fuerzas foráneas, puso de manifiesto una actitud celosa en lo relativo a toda injerencias extranjeras, tanto en lo económico, como en lo político, también en lo militar. La riqueza que acumuló el país, no fue manejada por bancos extranjeros. En una ocasión se enteró de que su hijo mayor Ranfis estaba depositando dinero en un banco fuera del país, y lo llamó para preguntarle si tenía intención de irse de aquí.
l) Riqueza y tipo de Gobierno (Confesado por él).
Estando en el apogeo de su gobierno, recibió la visita inesperada de un buen amigo, Gustavo Rojas Pinilla, gobernante colombiano de manos recias. El Jefe lo recibió con alegría, entre ellos existían unas relaciones estrecha, pienso que por tener estilo comunes en sus formas de dirigir el aparato del estado. Realmente su condición no era de visitante, había llegado como exiliado, lo forzaron a salir del país sin contemplaciones.
Pasaron varios días, y el Ex gobernante derrocado solicitó una cita para ver al Jefe, con la intención de tratar asunto de interés, así decía la comunicación, sin pérdida de tiempo, Trujillo lo recibió en su despacho. Sorprendido quedó el Jefe cuando el ex gobernante exilado le solicitaba de favor la compra de una residencia ubicada en una zona importante de Bogotá. Le explicó a su homólogo que había sido tomado de sorpresa y no tenia ni un centavo.
Trujillo con mirada inquisitiva lo observó por unos segundos, y le dijo: que tú no tienes ni un centavo. Ustedes son los que dicen llamarse dictadores, Dictador soy yo, que soy uno de los hombres más rico del mundo, y además, para sacarme de aquí, solamente ha de ser muerto; finalmente le compró la residencia a su gran amigo.
m) Libertad de Expresión y de Tránsito.
Es el más peligroso de sus componentes.
Solo él gozo con amplitud de todas sus libertades durante los Treintiún años de gobierno.
A través de la fuerza represiva que organizó, nos calló a todos, teniendo el pueblo que pagar un elevado precio con una lista larguisima de asesinatos de todos los calibres. Fue el costo más elevado de su gobierno. Para muchos, esa factura nunca tendrá prescripción en los archivos del pueblo.
Se dice que existía respeto es cierto, pero era respeto mezclado con terror, había que pisar firme en cuanto a las directrices trazadas por el sistema. Quien se apartaba de los parámetros que impedían sus reglamentos, tenía problemas.
Existe un relato contenido en el libro “La Palabra Encadenada”, cuyo autor es el Dr. Balaguer, quien fue su más importante colaborador, donde en un fragmento dice:
“En una ocasión subimos el presidente Trujillo y yo al ascensor de la presidencia, y en el trayecto, luego de un breve silencio, fijó su mirada hacia mi, levantó su mano derecha y con el dedo índice se lo deslizó en forma de semicírculo alrededor de su garganta, diciendo al mismo tiempo, yo solo creo en eso. No comenté nada, y al salir del ascensor nos desplazamos por el pasillo de la segunda planta del palacio del gobierno”.
Consideraciones
Creo reconocer, que no soy de los que ven los hechos solamente a través del lente de mi conveniencia. Entiendo que sin la poderosa razón que genera la verdad que empaja a muchos a identificarse con la imparcialidad, la historia de los pueblos, que es la misma historia del hombre en su medio, resultaría mutilada, y por tanto incompleta.
Pero en definitiva, el juicio que cada uno tiene en sus manos producto de esa condición humana llamada libertad; y generada en el hombre por diferentes índoles: Sociales, política, pasionales, familiares, etc, es lo que finalmente inclina la balanza para un lado o para el otro lado.
Trujillo durante su largo dominio al que sometió al país, dejó a la posteridad sus luces y sus sombras.
Yo en lo particular entiendo, y lo expresé en mis artículos anteriores, que los gobiernos que le han precedido, se han encargado de darle estatura de gigante a ese periodo por su larga cadena de fallas en que han incurrido.
He asumido de manera sostenida la idea de que los gobiernos son para ejercer, hacer y ejecutar obras positivas, y tan solo una sola negativa, empaña las demás, y sus efectos serán mayores, cuando toca las fibras sensibles de la dignidad humana.
Los gobiernos son para realizar cosas buenas.
Mi buen amigo, José Napoleón Domínguez, Trujillista, a quien tengo pendiente la tarea de convencer, y a quien reconozco gran capacidad de análisis, Justifica en nuestro intercambio de pareceres, que el gobierno de Trujillo y su conjunto de cosa, es el producto de su tiempo.
Considero este argumento un buen punto de partida para decir que ciertamente Rafael L. Trujillo Molina y su gobierno fueron producto de su tiempo; las guerrillas, los gavilleros, los norteamericanos, el modelo de gobernar de manos recia para esos tiempos en su apogeo, la desorganización social que vivía el país, la ignorancia, la pobreza de la población.
Todos estos fueron factores que le favorecieron. Pero, ¿por qué no imitó algunos de estos gobiernos?: el de Espaillat, Billini, Báez, Meriño.
La repuesta la tengo a seguida; porque Trujillo era un guardia, desde luego un guardia con características especiales.